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Santidad: Más que cabello largo y una falda larga
Por Brooklyn Lindsey
Mi estado en mi página de Facebook dice algo parecido a esto:
“Pensando en cómo conectar de una manera práctica a los adolescentes con un estilo de vida de santidad. La palabra ‘santidad’ parece ser arcaica para ellos…”
Unos pocos comentarios fueron hechos rápidamente. Uno en particular llamó mi atención:
“¿Tengo que pensar en cabello largo y faldas largas? Oh, sí, y sin maquillaje. Sin querer ofender a nadie, pero esta es sólo mi primera impresión”.
Por cerca de una década, he estado rascándome la cabeza, pensando en esta palabra. Me encanta el concepto de santidad y su expresión potencial en nuestras vidas, pero lucho con respuestas similares a la que leí en mi Facebook. Solía pensar en que necesitábamos censurar el término santidad en nuestros ministerios juveniles. Era porque creía que no tenía mucho sentido para los adolescentes. Ellos tienen una forma de comunicarse que constantemente evoluciona, y el uso de palabras antiguas con percepciones antiguas no parece sentarles bien a ellos.
Sin embargo, cuanto más tiempo pienso en esto, más estoy convencida de que puedo estar dirigiendo la conversación por un camino equivocado. Tal vez no tanto acerca de las palabras que se usan, sino acerca del fundamento de nuestros ministerios. De seguro es fácil vivir como moscas manteniéndose inmóviles demasiado cerca de la pintura. Pero necesitamos una vista aérea que nos ayude a ver que hablar sobre la santidad a nuestros jóvenes realmente es ir más allá que sólo enfatizar demasiado en la semántica.
He comenzado a creer que desarrollar el ministerio juvenil. en una manera que enfoca la santidad, no puede ser simplemente basarse en cuántas veces uso la palabra santidad en un sermón. Tampoco puede ser acerca de cuántas lecciones de santidad incluyo en un estudio bíblico de grupos pequeños o en mis conversaciones. Yo sé, en el fondo de mi corazón, que esto tiene que ser algo más.
La palabra hebrea “qodesh”, que se traduce como “santidad” tiene sus raíces en el significado, “apartado” o “separado”.
Cuando observamos todas las formas en que esperamos que nuestros jóvenes sean transformados a la semejanza de Cristo, nos damos cuenta de que tendemos a trabajar por compartimentos. Les enseñamos sobre la santidad una semana, y acerca de los frutos del Espíritu la siguiente. Hablamos de la santificación o el trabajo de limpieza del Espíritu y la próxima semana acerca de la pureza física. No está mal enseñar acerca esos temas, sin embargo, creo que a veces hemos acomodado la santidad en un estante con el resto de los atributos de Dios, cuando de manera realista, la santidad debe ser el fondo detrás de todo lo que enseñamos.
Es una batalla interna difícil, cuando mis propios pensamientos sobre la santidad me llevan años atrás a un tabernáculo/tienda en los antiguos campamentos del Centro de Ohio en donde la gente corría por los pasillos del lugar cantando y alabando a Dios. La mayoría llevaban vestidos a la iglesia y los hombres llevaban camisas y zapatos elegantes. Era un lugar donde no se permitía masticar goma de mascar (chicle) y mi abuelo prefería que no trenzara mi pelo largo. Ninguna de estas cosas eran malas, pero ayudaron a alimentar, en mí, una percepción de que la santidad significaba "apartarse" en el sentido más literal de la palabra. En mi mente joven, la santidad significaba exactamente eso: vivir de una manera que no parecía familiar con ninguna otra manera.
Es importante recordar que la santidad de Dios sugiere “ser diferente” más que estar “alejado” de nosotros mismos. La clave para mí, cuando lidiamos con nuestros pensamientos y percepciones sobre la santidad es, cómo ese ser "diferentes" juega un papel relevante en tood lo que hacemos y modelamos en el ministerio juvenil.
Entonces, ¿cómo ministramos a los jóvenes cuando la santidad es vista como el fondo para todos los atributos de Dios, los cuales intentamos enseñar a nuestros jóvenes? ¿Cómo afecta la santidad nuestra misión y visión en el ministerio juvenil? Bueno, tenemos que seguir volando alrededor para ver el cuadro completo.
Veamos abajo las cosas que normalmente hacemos en el ministerio juvenil.
Adoración
Discipulado
Servicio hacia otros
Compartir el Evangelio
Dar
Compartir
Celebrar
Jugar
Compañerismo
Llevar las cargas
Aconsejar
Orar
Mientras puedes hacer algunas cosas, más que otras (comer pizza y controlar las multitudes), tu principal objetivo es ayudar a los jóvenes es ver a Cristo, aceptar a Cristo y ser más como El. Así que tenemos que regresar y pensar en todo lo que hacemos para asegurarnos de que ser cada día más como el divino “Otro”, es nuestro objetivo principal.
Déjame darte un ejemplo práctico. Estás dirigiéndote hacia el campamento de jóvenes y estás anticipando un viaje de 15 horas en la camioneta (van) de la iglesia (¡ya sabes cómo amas esos viajes!). Decides hacer de esto una experiencia de aprendizaje pidiendo a todos examinar sus propios iPods (o audífonos, o cualquier otra cosa que usen para escuchar música). Dales una lista de preguntas antes del viaje para responder acerca de sus preferencias musicales. ¿Es la música en mi iPod algo que ayuda o que hiere a otros? ¿Alimenta mi alma o sólo pone ruido en mis oídos? ¿Le permitiría a mis padres leer la letra de las canciones? ¿Quieres crecer con lo que escuchas? Entonces pide a tus jóvenes que limpien/seleccionen la música basada en sus respuestas a estas preguntas. Quizá desafiarlos a buscar la mejor música que ellos puedan encontrar, y que la compartan con todos en el viaje. Anímalos a encontrar cosas que suenen bien pero que también les aporten algo positivo, manteniendo en mente que la razón para hacer esto es estar apartado.
Lo que les estás enseñando es sobre el discernimiento santo, lo cual los guiará a una vida santa.
Ministrar a los jóvenes, en una manera que se enfoque en la santidad, no es un tabú, cuando esta es la razón principal de ministrar a los jóvenes. Esta se convierte en el fondo de cada canción. Esta es la razón del discipulado. Este es el llamado principal para el servicio y el trabajo misionero. Aún en tiempo de compañerismo, se puede reflejar un grupo que desear apartarse en maneras que los hacen ser más como nuestro amoroso Dios, no apartarse en formas extrañas sin ningún entendimiento de nuestro propio contexto y cultura.
Así que, para responder a una pregunta no tan fácil sobre cómo desarrollar el ministerio juvenil que transforma a los jóvenes en un pueblo santo, lleno de amor y limpio de pecado, yo diría que sigas haciendo lo que estás haciendo, pero permite que tu pasión por la santidad sea el combustible en todo lo que hagas. Sigue preguntándote por qué haces lo que haces y ora para que el Espíritu de Dios te llene con el mismo amor santo y la limpieza que esperas que tus jóvenes experimenten.
Por cierto, es de ayuda utilizar un lenguaje que sea relevante para los oídos de nuestros adolescentes. Uno de los comentarios en mi estado de Facebook, fue de mi hermana menor, y ella propuso que comenzáramos a hablar sobre santidad con nuestros adolescentes, llamando a la santidad como esta es…
“Lavados hasta la médula por Dios, y entonces caminar de esa manera por la vida”
Me gusta cómo se escucha. La línea de fondo para el ministerio juvenil: permitir que la santidad esté en todo y a través de todo lo que hacemos (incluyendo nuestra vida personal). Los jóvenes quieren profundizar, sólo si tú estás dispuesto (a) a darles una oportunidad de saber por qué ellos necesitar ir más profundo. Busca el rostro de Dios, y ellos lo verán reflejado en ti.
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Comentarios
lo compartire con mis jovenes, en JNI Chiclayo, bendiciones!
Excelente nota!! Es muy cierto que en lugar de sólo enseñar lecciones por enseñar, podamos vivir la santidad que predicamos en todo tiempo, y contagiar a los mas chavos para que ellos tambien busquen alcanzarla..
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